Proyecto Expansión: el Opus Dei en #modo internacional

Doce jóvenes cambiaron sus vacaciones de verano por un intercambio laboral en diversos países del mundo donde está la Prelatura del Opus Dei: Uganda, Irlanda, Ecuador, Portugal, y Filipinas fueron sus puntos de residencia y donde conocieron en carne propia la universalidad del Opus Dei.

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Opus Dei - Proyecto Expansión: el Opus Dei en #modo internacional   Victoria integra una familia muy numerosa y sintió la misma calidez a 10.500 kms. de distancia, en un centro ubicado en Lisboa, Portugal.

La consigna era arremangarse las manos para trabajar en las administraciones de distintas residencias del Opus Dei en varios países, instancia que se ocupa de la gestión doméstica y que atiende los servicios de manutención y limpieza de la casa, cocina y ropa en cada centro del Opus Dei. El ADN del Opus Dei es el ambiente de familia que se respira en cada una de esos lugares, y este pasa por una mesa bien servida, una comida preparada con cariño, un detalle de decoración… San Josemaría llamaba a la Administración de los Centros de la Obra “el apostolado de los apostolados”, el alma del Opus Dei, como acaba de recordar el actual Prelado a un grupo de jóvenes en Roma: que sostiene todo materialmente y espiritualmente, sin desanimarse porque las cosas cuesten.[1]

El proyecto denominado “Expansión” invitó a jóvenes que asisten a charlas, catequesis y labores sociales impulsadas por Centros del Opus Dei, para lanzarse a una aventura fuera de Chile.

Niña filipina en medio de catequesis a los alrededores de Bacólod, sector rural cuya principal actividad es el cultivo de arroz y caña de azúcar.

Se prepararon durante el mes de octubre en Portezuelo, una residencia en Santiago. Allí aprendieron técnicas y oficios de hotelería y cocina, participando incluso en un concurso a lo “Master Chef”.

Multiculturalidad y sentido de familia

María Jesús, Jacinta, Victoria, Catalina entre otras, quisieron viajar para apoyar a la Prelatura donde se necesitara. De esta manera, entenderían y conocerían mejor la universalidad del Opus Dei, presente en más de 80 países, además de abrirse a otras mentalidades y culturas.

Jesús Rodríguez y Jacinta Soza se trasladaron a Filipinas, el país con mayor cantidad de fieles católicos en Asia. “Fuimos a una casa de Convivencias, situada en Bacólod, un sector rural cuya actividad principal es el cultivo de arroz y la caña de azúcar. El contraste socio económico era muy fuerte, y por lo mismo las personas de la Obra hacían mucha labor social: catequesis a niños del lugar, visitas a enfermos, etc. La fe del pueblo era impresionante, estabas en un centro comercial a las seis de la tarde y las personas se detenían a rezar el Ángelus, dejando todo de lado”, cuentan asombradas.

María Jesús Rodríguez, estudiante de Pedagogía  y Jacinta Soza, quien cursa III Medio, estuvieron en una casa de Convivencias y retiros llamado La Castellana, ubicada  cerca de Bacólod, conocida como “la ciudad de las sonrisas, en Filipinas”.

El principal aspecto que destacaron fue el sentido de familia y la presencia de Cristo en esa casa del Opus Dei.

El principal aspecto que destacaron fue el sentido de familia y la presencia de Cristo en esa casa del Opus Dei: “Vivir en lugares tan lejanos como Filipinas, en un clima de familia y bajo el mismo techo con Jesús, fue impagable”, remarca María Jesús.
Otro capítulo fue la alimentación, pues tuvieron que cambiar sus hábitos alimenticios con una dieta que contemplaba el arroz en cada comida, acompañado de las combinaciones más exóticas, como el balut, huevo de pato que se come cocido.

Victoria Romero, quien cursa IV Medio en el Colegio Albamar de Viña del Mar, destaca la calidez con que fue acogida en Lisboa, Portugal. “Lo que más me costó fue estar lejos de mi casa, pues vengo de una familia numerosa y estoy acostumbrada a estar siempre rodeada de gente y niños. Pero allí me di cuenta de que las portuguesas son muy efusivas y simpáticas: ¡Me tenían un especial regalo de Navidad sin siquiera conocerme! Por otra parte, en el Centro todas vivían como si fueran de la misma familia, aunque no estuviesen unidas por lazos de sangre”, recuerda con profundo cariño.

Venciendo obstáculos

María Jesús Uribe, estudiante de Ingeniería Civil, estuvo un mes y medio en Uganda, trabajando en el Instituto Pearlcrest Hospitability, ubicado en Entebbe, polo turístico costero de dicho país. Allí tuvo que acostumbrase a que el plátano fuese el acompañamiento obligado de todas sus comidas, pero también a mirar la realidad con otros ojos: “Para las jóvenes ugandesas, rodeadas por un ambiente muy católico, era inconcebible tener una amiga que no fuera creyente o que teniéndola, no tuvieras el afán de convertirla. Por otra parte, no les importaba, como a mí, no tener internet, asunto que me hacía casi volverme loca”, afirma con humor.

María Jesús con el equipo de cocina del Instituto Pearlcrest Hospitability: Kul, Jesu, Sarah, Njoki, Martha, Jennifer y Prossy

"Lo que más le impactó fue conocer la identidad del Opus Dei desde el corazón de África".

Lo que más le impactó fue “conocer la identidad del Opus Dei desde el corazón de África.También ver el espíritu de servicio de las mujeres de la administración,que muchas veces, sin reparar en el descanso, trabajaban con mucho cariño y dedicación”.

Vivir con Jesús

Todas resaltan la experiencia de vivir uno o dos meses, en la misma casa con Jesús, y también darse cuenta del privilegio y la responsabilidad que implica contar con una profunda formación espiritual. Victoria lo ilustra así: “Aquí en Chile tendemos a simplificar el espíritu del Opus Dei, como si se redujera solamente a cumplir un plan de vida espiritual. En vez de mostrar su cara real: un camino en el que uno se va encontrando con Jesús, de acuerdo al propio ritmo. Eso es lo que ahora quiero explicarle a mis amigas”.


Catalina, arriba del grupo,  junto a sus amigas de Irlanda , España y Estados Unidos en un paseo a Kilkenny.
“Descubrí que trabajando en la cocina, también estaba al servicio de la Iglesia".

Catalina Figueroa, quien cursa IV medio en el Colegio Huelén, fue a Irlanda por tres meses, donde aprendió el valor del trabajo bien hecho y aspectos propios de la espiritualidad de san Josemaría: “Descubrí que trabajando en la cocina, también estaba al servicio de la Iglesia.También me asombré al conocer la rica universalidad del Opus Dei, pues me tocó vivir con gente de países, culturas y personalidades muy diversas. Todas ellas con una apertura de corazón, como nunca antes lo había visto. Lo que más le marcó de esta experiencia fue vivir bajo el mismo techo con el Señor sacramentado: “Ahora llego a mi casa y de verdad es distinto; echo de menos no pasar a saludarlo a la capilla varias veces al día”.

Lo mismo remarca Victoria de su estadía en Portugal: “Mi broche de oro fue tener siempre muy cercano al Señor en el sagrario. Lo iba a ver cuando perdía la paz por algo o cuando estaba cansada. Y me servía mucho rezar y lo más bonito era hacerlo porque yo quería, con toda libertad, no por cumplir”, enfatiza.


[1] Prelado Mons. Fernándo Ocáriz, en Tertulia con jóvenes en Villa Ballestra, abril 2018.